Assassin’s Creed es una de las grandes sagas que se iniciaron en la pasada generación, qué duda cabe. Sin embargo, la franquicia tropezó con un mal común en la industria: el abuso de secuelas. Año tras año llegaron los Assassin’s Creed, saturando el mercado.
Si bien los juegos de la saga mantenían niveles de producción importantes y una calidad más que aceptable, en la última entrega (Assassin’s Creed III) se sintió un bajón importante, evidenciando que la fórmula se estaba estancando.
Por ello, el anuncio de Assassin’s Creed IV: Black Flag (sexto juego de la franquicia, sin contar los títulos de portátiles) dejó más dudas que certezas. ¿Reafirmará el declive de la saga? Los invito a seguir leyendo.
Lo bueno
El inicio del juego, hasta cierto punto, desconcierta, ya que empezamos controlando a un personaje desconocido, que poco a poco iremos descubriendo. Este no es otro que Edward Kenway, abuelo de Connor Kenway (protagonista de Assassin’s Creed III).
El juego se ambienta en 1715, en la época dorada de la piratería, y veremos cómo nuestro protagonista se convierte de un completo desconocido a un auténtico capitán pirata. Bueno, veremos más cosas, pero no quiero malograrles la experiencia a quienes aún no juegan.
La ambientación en general del juego es genial, mostrándonos el Caribe en su máximo esplendor. Sus islas, su flora y fauna, así como era la vida en esa época, cruda y dura.
A la par se desarrolla una historia en la actualidad. Ya sin Desmond Miles, los protagonistas serenos nosotros, los jugadores, quienes trabajamos para Industrias Abstergo, ahora orientada al rubro del entretenimiento, ofreciendo contenido histórico para películas (raro, ¿no?). Y es que algo ocultan.
En estas secciones, el enfoque del juego cambia a primera persona, algo que es una válvula de escape ante tanto Caribe. Las fases en el presente son pocas, pero llegan en el momento preciso, dándole un segundo aire al juego.
Si bien esto puede confundir en un primer momento, todo está bien narrado y las explicaciones del caso son claras. La historia fluye, enganchándonos rápidamente. Acá me permito señalar que quienes más disfrutarán son los que han jugado los títulos pasados, ya que conocerán todos los entretelones.
Black Flag es un Assassin’s Creed en toda regla. Tendremos atalayas que trepar (y sincronizar), asesinatos que realizar, robar documentos, escuchar conversaciones, infiltrarnos en cuarteles, etc. Sin embargo, estas misiones se han reducido para dar paso al protagonismo de las batallas navales.
Ahora, un 70 % del juego se desarrolla en altamar, teniendo que investigar por todo el Caribe por islas inhóspitas, escondites de bandidos, ruinas mayas y hasta tesoros enterrados. Para que esta experiencia sea satisfactoria tenemos un mapeado inmenso, con cientos de cosas por hacer (y descubrir).
Precisamente los elementos coleccionables en el juego abundan, algo que los amantes por completar el juego al 100 % agradecerán sobremanera. No solo hay fragmentos de Animus, cofres, partituras de canciones y pergaminos, sino que hacen su debut los mensajes dentro de botellas. Si bien en un momento abruma la cantidad de cosas por hacer, sobre el final querrás tenerlo todo.
A nivel jugable, se han incluido algunos cambios saludables, como el apuntado manual de las armas de larga distancia, como pistolas o la cerbatana (genial novedad). Y el sistema de combate también ha mejorado, tomando prestado elementos de los Batman de Rocksteady.
Las misiones de la Hermandad de Asesinos han sido sustituidas por encargos navales. Ahora, podremos reclutar barcos y tener una flota, la cual podremos enviar a distintas misiones y así conseguir recursos.
Para poder enviar nuestros barcos a las misiones deberemos limpiar las zonas de enemigos, para lo cual se ha implementado una especie de minijuego con elementos RPG. Son mecánicas básicas, pero le da variedad al producto. Eso sí, sobre el final terminé algo cansado de repetir infinidad de veces estos enfrentamientos.
Como ya adelanté, en Assassin’s Creed IV: Black Flag hay cientos de cosas por hacer aparte de la campaña principal, con lo que podemos hablar de un juego de muchas horas de duración. Particularmente, terminar el juego me demandó más de 20 horas (logrando un respetable 95 %).
Lo malo
Sobre la mitad del juego se me hicieron repetitivos los enfrentamientos navales. No me malinterpreten. Son muy divertidos, pero estar enfrentándote a galeones enemigos a cada rato se vuelve cansino.
Llegó un momento en el que prefería esquivar a los barcos enemigos a fin de que el juego fluya mejor. Ayuda bastante la posibilidad de realizar desplazamientos rápidos a ciertas locaciones dentro del mapeado. Sin embargo, primero debes haber llegado a esos lugares por tu cuenta.
Como ya mencioné, el minijuego con tintes RPG de la flota naval también se hace repetitivo y hasta monótono cuando lo haces más de cinco veces seguidas. Mi recomendación es tomarlo con calma y entrar cada cierto tiempo para hacer más llevadera la experiencia.
Igual suerte corren las misiones en tierra, aquellas que nos recuerdan que estamos jugando un Assassin’s Creed. Son pocas las misiones realmente novedosas, siendo moneda corriente escuchar una conversación, asesinar a algún templario, hacer seguimientos sin ser vistos o infiltrarnos en algún lugar.
El nivel de dificultad de Assassin’s Creed IV: Black Flag es bajo. No encontré una misión realmente complicada o que me obligue a repetirla varias veces. En la misma tónica, encontrar todos los secretos es un trabajo más de paciencia que de pericia, ya que alcanzado cierto punto todos los coleccionables estarán marcados en el mapa. Ya dependerá de nosotros ir por ellos.
A nivel gráfico, no se ve una mejora significativa respecto a sus predecesores -debo mencionar que jugué la versión de PlayStation 3-, salvo una iluminación más detallada. Además, como ya se ha hecho costumbre en la saga Assassin’s Creed, tenemos curiosos bugs. No es un caso tan grave como en Assassin’s Creed III (que estaba plagado de bugs), pero sí están presentes. Eso sí, no me encontré con ni un bug que me haya estropeado la partida.
La versión de PlayStation 3 viene con 60 minutos extras de campaña. Sin embargo, este agregado, en el que jugamos con Aveline de Grandpré (protagonista de Assassin’s Creed III: Liberation), es poco más que prescindible. Si compras la versión de Xbox 360 no te estás perdiendo nada remarcable.
Finalmente, debo hablar del multijugador, un apartado que no ha progresado respecto a sus predecesores. Si bien es curioso estar en este juego del ‘gato y el ratón’, no creo que te mantenga enganchado por muchas horas. Sin duda, no comprarás este juego con su apartado online.
Lo feo
Lo que más me incomodó en el juego en general fue la inteligencia artificial de los enemigos, tan básica que por momentos hace que el juego pierda seriedad. Hay situaciones tan inexplicables como que un soldado nos vea y se olvide de nosotros apenas nos escondamos.
Igualmente, noté que los soldados solo reaccionan cuando algo ha pasado en su línea de visión. Puede ocurrir un asesinato a pocos metros de distancia y, como el enemigo está viendo ligeramente para otro lado, no seremos detectados.
Tal vez la inteligencia artificial fue diseñada así para darle más fluidez al juego, teniendo en cuenta su extensión. Sin embargo, creo que hay situaciones que ya lindan el ridículo.
Conclusión: Assassin’s Creed IV: Black Flag es una gratísima sorpresa. Pensaba que este juego marcaría el declive de la saga, pero me equivoqué. Black Flag rescata lo mejor de su predecesor y lo explota a su favor. Eso sí, creo que la fórmula ya está tocando techo y si no hay una renovación o, en su defecto, se deja descansar el Animus, posiblemente lleguen los problemas.
Y ustedes, ¿ya han jugado Assassin’s Creed IV: Black Flag?, ¿qué opinan del juego?